Y la verdad es que luego del impacto de sentirme robado, lo segundo que me causo un impacto mayor fue que me había acostumbrado a un smartphone. Ya no podía leer, mirar, ni tampoco compartir.
En febrero del 2013 estando en Isla Negra, unos ladrones, quizá jóvenes o talvez mayores, irrumpieron en la cabaña que junto a familiares había arrendado forzando con chuzos, martillos o diablos las protecciones que en la parte trasera de la casa nos “protegían”. Carabineros de Chile me comento que este tipo de robo es de lo más frecuente en el litoral y sobre todo en épocas de verano cuando turistas Santiaguinos vienen a descanzar y a olvidarse de los problemas de la agobiante capital.
Nada más lejano a lo anterior.
La verdad es que luego del impacto de sentirme robado, lo segundo que me causo un impacto mayor fue que me había acostumbrado a un smartphone. Ya no podía leer, mirar, ni tampoco compartir. No podía, luego del hecho, buscar información de Carabineros, comunicarme con la compañía móvil para solicitar el bloqueo del aparato, y mucho menos cargar el aplicativo que me permite saber (gracias la GPS, coordenadas de antenas, o simplemente internet) la ubicación del dichoso iPhone. Sumemos a eso que el Macbook Pro, también fue robado en esa linda tarde de verano.
Me acostumbre a tener un smartphone, yo que tengo cero miedo y vergüenza a la tecnología y a probar aplicaciones que permitan ganar en productividad me vi desnudo de un momento a otro. De vuelta en Santiago, conseguí uno nuevo, un teléfono con Android de gama media y ahí me di cuenta más aún que me acostumbre a tener un smartphone, uno de verdad, en serio, y es que las diferencias entre un aparato inteligente y otro que se vende como tal son abismantes. Pobre velocidad, poco espacio para guardar información, usabilidad mediocre y un suma y sigue.
Solo para aclarar, Android es un mega sistema, buenísimo, lleno de funciones especiales, pero este es, un desastre. Con el pasar de los días fuí observando que la gran mayoría de las personas tiene un versionado de este tipo y pense, que terrible saber que se están perdiendo un montón de buenas aplicaciones, funciones y experiencias solo por que el teléfono de gama media ni se compara con un smartphone de verdad.
Hoy en día, queremos equipos que no solo nos permitan realizar o recibir llamadas telefónicas, queremos estar en contacto con otros, con el mundo de las noticias, de los juegos, de lo social, de la fotografía, y en mi caso, de mis aplicaciones para mejorar la productividad (calendarios, listas de tareas, etc). No todos pueden hacer lo mismo por muy “Android” que sean y eso me hace a pensar en lo diverso que es dicho mundo, es decir, muchas marcas, muchas versiones, mucho desconocimiento de parte de la gente. Apple en cambio, un teléfono, un sistema Operativo.
Quiero un smartphone, uno de verdad.





